miércoles, 22 de febrero de 2017

Yo crecí sin redes sociales

Capítulo 1: Océano de mala leche

Hoy es 16 de septiembre, tengo 25 años y me desperté sin redes sociales.

Capítulo 2: Yo crecí sin redes sociales

Hay gente que construye y muestra lo que no es, hay gente que construye y muestra lo que es y no puede mostrar, hay gente que intenta ser profunda, hay gente que muestra ser frívola, están los provocadores, los graciosos, los tiernos e incluso los que ya no están.                        
Están los que tratan de tener una onda que no tienen, los mirones, los trolls, y los misteriosos.
Están los que agregan y siguen a todo el mundo, los selectivos, los que esperan ser agregados, los que cuentan sus contactos, los populares, los que creen ser populares y los que lo quieren ser.
Están los que buscan diferenciarse, los que se diferencian y los diferentes. Están los ricos, los pobres y los pobres ricos. Los irónicos, los tristes y los suicidas. Los gordos, los flacos, y los flacos o gordos dependiendo de la foto. Los que viven en pose, los naturales, los despreocupados y los antinaturales.

Capítulo 3: Sos mi ídolo

El secreto de la idolatría está en la identificación. Admiran a alguien que sueñan ser ellos mismos, admiran a alguien que sienten que hace las cosas que ellos harían. La admiración, en definitiva, no es mas que la vanidad del perdedor.

Capítulo 4: Si existe un Dios o una especie de justicia

Hay que desatar toda nuestra ira e impotencia en él. Hay que escracharlo, subir fotos y vídeos a las redes sociales. Hay que insultarlo, humillarlo, defenestrarlo, arruinarlo. Ya no nos alcanza pedir justicia, la justicia somos nosotros, los jueces somos nosotros, nadie le dará su merecido. No hay que ser justos, hay que ser impiadosos, no tiene que quedarle nada, tiene que quedar absolutamente destruido. Sino no alcanza, sin morbo no hay justicia, sin daño la condena siempre es injusta.

Capítulo 5: Nuestra historia está llena de secretos, de mensajes escondidos

Saben que comemos, donde vivimos, con quien vivimos, que compramos, que lugares frecuentamos, donde vamos a ir, e incluso, y ésto tampoco es ficción, saben quien será nuestra próxima pareja antes que nosotros. No existe mente paranoica en el mundo capaz de resistir ésto, no existe, no hay forma de que ninguna persona se sienta cómoda con ésta persecución, o si, hay solo un camino: la ignorancia. La gran mayoría de la gente lo ignora, pero mucha otra es consciente y lo acepta, ¿que tiene que sepan donde vivo? ¿que problema hay si saben donde voy? El oro de la modernidad es nuestra información, ¿o no suena raro que sea completamente gratis usar éstos servicios? ¿Con que pagamos? El precio parece ser muy bajo, despreciable, nuestra información, donde estoy hoy, que comí, tomen redes sociales, sépanlo todo. Nadie podrá usar mi información para nada, porque no sirve, porque yo muestro lo que quiero mostrar, que no le sirve a nadie... yo no tengo nada que ocultar... Miren, estoy de vacaciones en Europa, vivo solo y mi casa esta vacía, pero nadie va a hacer nada con eso. Estoy yendo al médico, en ésta ubicación, justo donde hay un centro de salud que casualmente tiene su sistema con las historias clínicas conectado en una computadora con internet. Nadie podrá leer mi historia clínica, estoy tranquilo.
Hola, éstas son mis hijas en la playa, pero nadie usará ésta foto en ninguna página ofreciendo ningún servicio. Ignoremos todo, sino es imposible vivir tranquilos...    
"Mamá decía, no hables con desconocidos, no le digas a nadie donde vivís"

Capítulo 6: Tras las pistas de un melancólico. 

Él era un adolescente rebelde, como todo adolescente. Se rebelaba contra la injusticia y la mentira, y escupía sus verdades con una ira incontenible. No encajaba en los grupos, su boca floja siempre terminaba de arruinarlo todo. El principal problema que tenía era la ira, culpa de la cual se echaban a perder todos los argumentos que diera por más que fuesen válidos. No quedaba claro en ese entonces de donde venía esa ira incontrolable. Con el tiempo, con los años se fue dando cuenta que su postura no lo conducía a nada, que debía cambiar eso de las verdades por aquello otro de las mentiras, y eliminar definitivamente lo de la ira. Que difícil. Pero lo más difícil no era lo de la ira, sino lo de las verdades. No decirlas lo hacia sentir que se traicionaba a si mismo.
Fue pasando el tiempo, fueron pasando los años hasta que definitivamente aceptó que debía cambiar, al menos en apariencia, al menos hacia afuera. Fue así como se convirtió en un gran mentiroso, en un gran simulador, ya no decía verdades, ya no tenía ira. Por un lado sentía orgullo de que aquella rebeldía adolescente no era eso, es decir, no era rebeldía adolescente, no era una postura sino que eran sus principios. Y por el otro lado sentía vergüenza de tener que ocultarse para pertenecer. Pero para ser él mismo, con sus verdades existían solo 2 posibles caminos: uno era la marginalidad... y el otro el suicidio.
Freud decía que el sueño es la liberación del espíritu, y él decía que la muerte es el sueño eterno.

Capítulo 7: Esteganografía

La esteganografía trata el estudio y aplicación de técnicas que permiten ocultar mensajes u objetos, dentro de otros, llamados portadores, de modo que no se perciba su existencia.

 - Yo te lo estoy diciendo todo, el tema es, que vos no lo sabes leer, no sabes escuchar... Quien sabe... 
- ¿Que es ese piano?
- Es Chopin. Acá siempre suena Chopin. Es increíble como cambia todo cuando empezas a ver el mundo a través de su piano.
- Me cuesta seguirte...
- ¿Que?
- Digo, que a veces es difícil entender, seguir o relacionar las cosas que decís...
- No creas, soy bastante simple. Lleno de mensajes también, pero simples. ¿Te acordas de la batalla naval? A5, D3, B7, ¿hundido?
- Si, como no me voy a acordar...


Capítulo 8: Ropa pasada de moda que está de moda

Nos unimos en las redes, para complotar o lograr algún bien común. Y fracasamos. Siempre fracasamos. Porque lo verdaderamente importante no está ahí, nunca lo estuvo ni lo va a estar...